
Se llama glaucoma a un grupo de condiciones que afectan la presión dentro del ojo (presión intraocular), y la modifican a niveles que son perjudiciales para la estructura ocular denominada: nervio óptico.
Sin importar si la presión es alta, normal o debajo de lo normal, aun así puede ocasionar daño al nervio óptico. La mayoría de los tipos de glaucoma son crónicos, y estarán presentes de por vida. Algunos ocurren repentinamente, pero en general se desarrollan silenciosamente, durante meses o años.
Dado que el nivel de la presión intraocular no indica con certeza si la persona tiene o no glaucoma, ¿cómo se puede realizar un diagnóstico preciso? La respuesta es: “El diagnóstico del glaucoma se efectúa detectando la presencia de tejido ocular dañado (nervio óptico) asociado a cambios en la presión intraocular.”
De todas las enfermedades oculares, el glaucoma es una de las principales causas de ceguera evitable en el mundo. Es llamado habitualmente “el ladrón silencioso” de la visión, pues la mayoría no producen síntomas hasta que la visión se encuentra muy alterada.
Dado que existen diferentes tipos clínicos de glaucoma, el tratamiento depende tanto del tipo de glaucoma, como de la variedad de otros factores.
La mayoría de los tipos de glaucoma necesitan tratamiento de por vida. Algunas personas necesitan someterse a una cirugía. Otras pueden necesitar medicamentos para tratar el ojo directamente, o para tratar algún otro problema de salud que esté afectando al ojo. También algunas personas, requerirán detener el consumo de ciertos tipos de medicamentos.
Si el glaucoma es diagnosticado tempranamente, la enfermedad puede ser controlada, y un adecuado tratamiento puede prevenir la pérdida de la visión en la mayoría de los pacientes.
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